6 de septiembre de 2013

NO DEJES DE VOLAR



Veo tus alas siempre extendidas, acompañándome y sirviéndome de guía en todo momento. Me dan sombra y fuerza a un tiempo. Elegantes y majestuosas, te permiten volar tan alto como tú quieres pero, además, hacen que yo mismo lo haga contigo. Imponentes, poderosas, inmunes a la fatiga, puedo verlas con nitidez cuando estás en pleno vuelo y, con tanta grandiosidad, te elevas más y más hasta casi desaparecer en ese hermosísimo cielo que te enmarca y que no hace sino realzar tu seguridad y tu magnetismo.


Incluso a pesar de la insalvable distancia que nos separa, no dejo de seguir tu vuelo con la mirada, indiferente a la lejanía y sin dejarme vencer en ningún momento por el cansancio. Ésa ha sido una de las enseñanzas, quizá la más grande: Persevera, persigue, sueña, vuela. Sé bien que aquella inconfundible figura que se recorta en el horizonte y que intuyo a lo lejos eres tú. Por mucho que te alejes, por muy alto que vueles, sigo viendo esas alas, sigo viendo tus movimientos armoniosos, con gracia, con arte, como corresponde a quien conoce su destino a la perfección a pesar de tantos obligados desvíos.


Cuando al caer la noche dejes de volar para tu merecido descanso, no las pliegues. Déjalas extendidas a la vista de todos, para que sepan de tu fuerza, de tu orgullo, de que, aun en el momento del reposo, estás siempre en condición de partir si así la vida lo requiere, si así te lo piden.


Todos se han maravillado contemplado ese vuelo, esas alas, pero nadie te ha ofrecido el merecido lugar en el que poder desplegarlas. Vagas excusas, explicaciones vacías de contenido, imposibles sin sentido alguno. A todos ellos, a todos, has hecho callar del único modo en que sabes hacerlo: Siguiendo con tu vuelo.


Oteando el inabarcable horizonte que desde tu privilegiada atalaya puedes contemplar, sufres en silencio tanto desprecio, tanto desaire, tanto rechazo a todo tu esfuerzo. Y sigues buscando, con paciencia, sin el mínimo atisbo de duda, incansable, porque sabes a ciencia cierta que aparecerá, y que, cuando lo haga, estarás, sin duda, volando.


Rompe barreras, quiebra voluntades inmovilistas, rechaza prejuicios, haz que todos se den cuenta de que no podrán contigo. La esperanza y la fe en uno mismo son las armas más poderosas que existen y que no había contemplado así en nadie hasta que te vi alzar el vuelo en el medio de mi camino.


Ignórales a todos. Enséñales lo fuerte que eres. Muéstrales las cicatrices, cada una de ellas por cada ocasión en la que te cerraron la puerta que te llevaba a un cielo más abierto, más azul, más brillante, más luminoso. Demuéstrales que, cuantos más obstáculos pongan en tu camino, más y más alto volarás.


Ahora que estás tan lejos ya, ahora que ya tan solo alcanzo a ver difícilmente tu silueta, es cuando más me gusta contemplar tu vuelo, es cuando más alto deseo verte, es cuando, a pesar del dolor, más quiero admirar tus alas, es cuando más disfruto viendo cómo no dejas de volar.




Para ti, por hacerme sentir cada día tan afortunado, por haberme enseñado a volar y por llevarme contigo en tus vuelos.
No dejes nunca que nada ni nadie limite tu propio vuelo.
Gracias.



 




Al

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