14 de agosto de 2013

SIGO SOÑANDO



Vivir una experiencia tan intensa que, directamente, te desarme completamente. Una vivencia de semejante magnitud y que te sacuda con tal intensidad que provoque que todo aquello que conforma tu universo particular pase a un segundo plano careciendo por completo de sentido. Sentimientos hasta ese momento desconocidos, sensaciones descubiertas que creías inexistentes, emociones tan intensas que se hacen indescriptibles. Una mezcla de pasión desbordante y de irracionalidad.


Encuentras a una persona que causa ese efecto y te crees la persona más afortunada sobre la Tierra. Hace que lo imposible pase a ser posible, que todos los límites desaparezcan, que desees tener problemas porque todos ellos se convierten en maravillosas oportunidades, que busques complicarte la vida cuando todo cuanto te rodea te impulsa a hacer totalmente lo contrario. La vida entera se convierte, en definitiva, en una extraordinaria fuente de posibilidades. Así fue aquel día. Tuve esa extraña sensación, me pareció ver en ti algo que te hacía completamente diferente del resto. Parecías ir por delante de todos nosotros y el tiempo no ha hecho más que darme la razón. Tú eres una de ellas: Has hecho que haya un antes y un después.


Guardo en mi memoria desde aquella ya lejana pero vívida en mi mente primera sensación hasta la última y más reciente emoción. Entre ambas, un sinfín de etapas intermedias, y todas y cada una de ellas marcadas por una misma seña de identidad: Tus ganas de luchar, tu afán de superación, un torrente de energía sin igual, un deseo de vivir abrasador, una vehemencia arrolladora, una energía cegadora. Un carrusel de emociones que lleva a tus compañeros de viaje a un periplo vital tan vibrante que no pueden sino dejarse guiar, pero nunca dejarse ir. Eso es imposible. Tú haces que luchemos por participar contigo en esa inabarcable espiral emocional que no hace más que crecer y crecer aumentando nuestra insatisfacción y nuestras ganas de más, cada vez más.


Apetito voraz. Nada me resulta bastante ni me llena lo suficiente. Quiero seguir tu estela, pues es ya lo único que me queda. Avanzas muy rápido y a duras penas soy capaz de seguir tu ritmo por mucho que lo intento, pero no pienso dejar de seguirte. No. Nunca. Poco me importa el cómo, el dónde o el cuándo. Hay demasiadas cosas que ganar y absolutamente nada que perder más que una decepción. Lo es todo y no es nada a un tiempo. A pesar de que ni tan siquiera haciendo uso de mi imaginación acierte a saber cómo reaccionar en ciertas ocasiones, prefiero vivir en esta sorpresa perpetua. Tanto por lo inesperado de cada situación como por tu propio magnetismo, temo no estar a la altura de las circunstancias, pero, a pesar de tanta dificultad, quiero creer que, de vez en cuando, miras hacia atrás buscando, sino mi figura, al menos mi sombra. Por eso sigo tus huellas, por eso miro en cada instante a mi alrededor. Porque estás ahí, justo delante, sonriéndome, animándome a seguir, a que no desfallezca porque, ¿quién sabe? Probablemente no sea hoy, pero, mañana, … , mañana volveré a buscarte de nuevo.







No estás sola. Me llevas contigo siempre a donde quiera que vas.
Y conmigo llevas también todo aquello que hemos vivido.
Gracias. Gratitud infinita.

 



 

Al
 

0 comentarios:

Publicar un comentario

Anímate y déjanos tu comentario, nos ayuda a crecer.

 
El Hogar de las Emociones. Blogger Template by Ipietoon Blogger Template