24 de agosto de 2013

LA HISTORIA QUE NUNCA OCURRIÓ



Veo cómo tus párpados empiezan a moverse, más despacio al principio, con suavidad. Disfruto mirándote, como cada mañana, comprobando cómo todavía no eres capaz de vencer al sueño. Esos momentos previos al despertar en que no eres todavía plenamente consciente y vas, dulcemente, dejando el mundo de las irrealidades y adentrándote en el mundo de los sueños, nuestros sueños.



Intento cada día no perdérmelo. Nos ha costado demasiado llegar hasta aquí como para no darle el valor que merece. Lucho por estar presente en este momento para seguir saboreando el instante, para recoger esa primera mirada, esa primera luz que me iluminará y me dará fuerzas toda la jornada que empieza.



Todo gracias a aquella noche, la noche de las almas abiertas, la noche a la que siguieron tantos otros días y tantas otras noches, llenos todos ellos de palabras cargadas de emociones, llenas de sueños irrealizables en un principio y posibles poco a poco. ¿Cómo podríamos olvidarlo? De la nada más absoluta tenemos hoy un todo, un universo completo para ti y para mí. De un nosotros imposible a un siempre contigo. Y aun cuando llegamos tan llenos de heridas, fuimos capaces de cerrarlas, creando, lentamente y a partir de cada una de nuestras cicatrices, un punto de unión y de partida, un inicio.



Observo cómo, dulcemente, empiezas a moverte, sin brusquedades, como participando en una obra de teatro en la que yo soy el único espectador, preparándote, al mismo tiempo y paso a paso, para el inicio de la nueva etapa que comienza, del nuevo sueño. Pareces sonreír, como si supieses que te estoy observando y me estuvieses concediendo el placer de hacerlo. Para mí, tan solo para mí.



Revoloteos de mariposas. Eso me recuerda cada movimiento de tus larguísimas pestañas. No consigues todavía que dejen paso a la luz de este nuevo día. Tus párpados pesan todavía demasiado como para empezar a volar.



Ilusionado, sigo esperando, sin dejar de mirarte, sin prisa alguna. Es mi premio, aquél que tanto he soñado y que has decidido compartir conmigo. Tan irrealizable parecía y estamos aquí, ahora, porque quisimos volar juntos. No quiero moverme, no quiero despertarte, sino tan solo mirarte, tan cercana e indefensa, tan irreal y, a pesar de ello, irradiando tanta luz y seguridad incluso en este momento.



Te sigo con la mirada sin dejar de sonreír. No puedo evitarlo. Puedo ver tanta dulzura que no consigo dominar la felicidad que me embarga. Estás viniendo hacia mí, un día más, después de tanto tiempo.



Al fin, abres los ojos. Tu mirada, tan profunda, limpia e intensa como siempre ha sido, como el primer día. Me miras fijamente, me sonríes. Te acaricio las mejillas e intento colocarte tu pelo revuelto. No nos hacen falta palabras. Tan solo asentimos y sonreímos, sin dejar de mirarnos. Felicidad y complicidad absolutas. Y todo gracias a aquel día, a aquella locura que nos empeñamos en vivir.








 Al

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