8 de mayo de 2013

SI TÚ SUPIERAS



Verás, no quería que esto ocurriese, pero hoy te voy a contar algo distinto, si acaso brevemente y sin gran detalle pero, como siempre, con la sinceridad como bandera pues creo no tiene sentido hacerlo de otro modo.


Ignoro si las cosas te van bien o no, si por fin has tenido la oportunidad de la que te habían hablado o si sigues esperando a que ésta ocurra, si la vida te está tratando bien con todos aquellos planes de futuro tan ilusionantes que me habías contado y si tu silencio tiene su origen en que, simplemente, ya no me necesitas. Pero hoy estoy particularmente cansado y soy yo quien necesita ser escuchado.


Cada día que pasa me encuentro más y más perdido que el anterior. El cansancio ya no me abandona y ni tan siquiera consigo reconocer a la persona que me mira desde el espejo cada mañana. Sus ojos ya no brillan, su cara ya no transmite emoción alguna, su cuerpo parece vacío y a punto de quebrarse y, cuando miro a mi espalda, veo que mi alma ya no me sigue, se queda atrás. Un cansancio infinito que me lastra como una carga de la que no consigo desprenderme.


Todas las noches son tan similares hace ya tanto tiempo que se ha convertido en un ritual que he aprendido a esperar y hasta a sobrellevar con paciencia. Cuántos fantasmas se deciden a visitarme, como si de una fiesta se tratase, en la que yo soy el único que no ríe, y en la que todos ellos no dejan de recordarme que sí, que las heridas permanecen abiertas porque nunca habían estado cerradas. Paciencia, es lo único que intento conservar, saludándoles a todos ellos con respeto y asimilando que es cierto, que cuando sientes que el pasado no tiene importancia, de repente, vuelve más vívido que como lo recordabas.


Oscuridad hacia delante y negrura infinita hacia atrás, en el medio de un túnel del que no acierto a ver siquiera qué dirección tomar. Me gusta pelear por conquistar sueños, imaginar situaciones que sé que nunca ocurrirán pero que, a pesar de eso, me dan fuerzas para seguir pero, ¿sabes?, a veces uno cree que tiene todo encaminado y, de repente, vive a tanta velocidad una colección de experiencias tan impactantes que, aunque no quiera, le hacen reflexionar y dudar, sobre todo dudar.


Recelas de tus propios pensamientos y entonces te das cuenta de que no, de que no es así, de que quizás te hayas equivocado porque no es esto lo que quieres. Y eso no es bueno, nada bueno. Dejas de comprender, y lo que antes no tenía siquiera color que plantearse es hoy negro, de una oscuridad tan densa que asusta. Todo son preguntas sin respuesta, y no eres capaz ni de calmar la sensación tan amarga que te embarga.


Indago a mi alrededor en busca de ayuda pero, en esta ocasión, nadie está ahí. Todos aquéllos a quienes por lo visto complace mi alegría se dan la vuelta en cuanto ven que no, que hoy no me toca hacerles sonreír ni animarles, que me he dejado la sonrisa en casa y que hoy traigo la cara de verdad, la del rictus helado en la boca que acompaña la frialdad de mis ojos. Y no te preocupes porque no verás asomar mis lágrimas, están cayendo en su totalidad en mi interior, como el torrente que son porque hace ya demasiado tiempo que no les permito salir por respeto a vosotros, porque no lo merecéis.


Ahora necesito descansar. Tan solo un poco. Por favor, dejad de solicitar mi ayuda durante, al menos, unos días, hasta que consiga recuperar las fuerzas. Quizás hoy no tenga tantos visitantes nocturnos o, al menos, quizás se dediquen simplemente a mirarme a modo de reproche y no me hablen. Estos últimos días he perdido unas cuantas batallas, pero la guerra, la guerra es otra cosa. Ésa la ganaré sin ninguna duda.



Al

3 comentarios:

  1. Las batallas personales tienen
    un cierto sentido trágico.
    En estas batallas contra uno mismo, uno parece estar destinado
    a ser al mismo tiempo, vencedor y perdedor.
    Gana la aventura, pierde la prudencia.
    Gana el análisis, pierde la improvisación.
    Gana la concentración, pierde la distracción...
    Si uno no apuesta decididamente a favor de cualquiera de los bandos,
    puede pasar otra noche en blanco dentro del tunel negro y con los
    fantasmas frotándose las manos...

    ResponderEliminar
  2. Me ha gustado mucho tu enfoque, Mónica. En realidad, de nosotros mismos depende siempre pero, al mismo tiempo, ahí radica la dificultad pues apostar por un bando implica renunciar al otro, y no es evidente que sea sencillo en absoluto ...
    Muchas gracias. Me han encantado esas "confrontaciones".

    ResponderEliminar
  3. Este comentario ha sido eliminado por el autor.

    ResponderEliminar

Anímate y déjanos tu comentario, nos ayuda a crecer.

 
El Hogar de las Emociones. Blogger Template by Ipietoon Blogger Template