11 de abril de 2013

Un grito de esperanza


Cuando miro a mi interior 
veo un túnel oscuro, 
vacío y sin fondo
es el reflejo de mi alma.

Todas las mañanas,
cuando me levanto,
dibujo un jardín de rosas en mi exterior, 
pero la tristeza es tan fuerte
que rompe mi fachada 
mostrándome tal y como soy;  
fría, triste y sin ilusión
un bosque sin perfume.

En mi corazón se alojan mis recuerdos
laten y laten, 
esperando a que alguien los despierte de nuevo, 
pero el rencor y el odio corren por mis venas,
intoxicando mi alma, pensamientos...

¡Hasta el aire que respiro no es cálido ni puro!

¿Por qué pensar que no soy digna del amor de los demás?

¿Por qué pensar tanto en qué pensaran si yo...?

¡Eso no me hace feliz!

He de ser yo misma, 
ante todo yo
sin importar que pensarán de mí.

Mi voz interna dice que lo estoy haciendo bien 
¡Yo no quiero ser esclava de los demás! 
¡Qué egoístas!


Es mi vida y merezco vivirla a mi manera
a partir de ahora seguiré mi camino, 
sin importarme el egoísmo de los demás. 
Y quién quiera que me siga, 
que mi corazón necesita libertad 
para por fin gritar; 
¡quién soy yo sin limitaciones!

Hoy me siento grande, 
llena de vida, soy feliz
por fin encontré el camino en el que no existen condiciones, 
abrí los ojos y la puerta de mi corazón
dejé que se marchara todo lo malo y 
está esperando a que llegue la ilusión
que un día cruzará el jardín y 
entrará de nuevo en casa.


Relato escrito en al año 2001, dedicado a mi tía Luisa, por el que pasó una terrible depresión.

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