26 de abril de 2013

ROJO PASIÓN


Vale la pena sin duda la espera, pues tanta fortaleza y alegría me insufla el hecho de recibirlo como desasosiego y desazón siento en tanto no llega.

Intento imaginar cada día qué me escribirás en la próxima ocasión, cómo brillarán mis ojos al comprobar que está ahí, esperando ser leído, con qué me sorprenderás y cómo sonreiré al desmenuzarlo, al saborearlo una y otra vez, al pasar mi retina día tras día sobre las mismas palabras, ésas que sé que tú has escrito teniéndome en tu mente, buscando una inspiración que no siempre llega pero que, de todos modos, acaba convirtiéndose en algo tan importante para mí.

Tu último apunte está aquí, ante mí y, una vez más, me deja, simplemente, sin palabras. Tan solo se me ocurre paladearlo intensamente, cerrar los ojos y, pensando en ti, decir… ¡GRACIAS! ¡Qué derroche de fuerza vital! ¡Qué torrente de energía! ¡Cuánto optimismo desbordante entrañan tus palabras!

Observo una vez más con sumo detenimiento cada palabra, cada dosis de entusiasmo, cada inyección de vehemencia. Todo es orgullo y coraje, y el conjunto se convierte en una declaración de intenciones: Aprender, mejorar, progresar, … ¡Avanzar!

Rebusco todavía en mi interior el modo de responderte pero no tenía palabras ayer que estuviesen a tu altura y me cuesta todavía encontrarlas hoy. PASIÓN, con mayúsculas. De eso se trata, de abalanzarse sobre las cosas, de engullirlas a bocados, de disfrutar con cada pequeñísimo paso que damos, de exprimir al máximo cada pequeñísima oportunidad de que disponemos, de exprimir cada minuto, … Simplemente, dejando que sea la pasión la que gobierne nuestra vida y que sea ella la que dicte nuestro modo de actuar en todas las situaciones que debamos abordar.

Ignorar el entorno no resulta sencillo. Hay quienes necesitamos como el respirar tener al lado a alguien como tú, un detonante, una luz, un guía, alguien que nos transmita a la vez seguridad y esa profunda pasión que, aunque quizás todos tenemos, tan solo en contadas ocasiones somos capaces de hacer aflorar. 

Te ruego me disculpes si en no pocas ocasiones me he dejado invadir por el derrotismo y el desánimo. Estás lejos, demasiado lejos, y ya casi no acierto a ver tu luz. He conservado una pequeña llama para utilizar en contadas ocasiones, aquéllas en que la penumbra me rodea y no acierto a encontrar la dirección adecuada. Es entonces cuando recurro a los recuerdos, a aquellas experiencias tan vívidas y que tanto me han marcado, apoyándome en ellas como si de mi pequeño sol particular se tratase para iluminar mi camino y obtener también el calor que necesito.

Algún día tendré la ocasión de devolverte toda esta entereza. Y mientras lucho porque ese día llegue, intento ser agradecido, transmitirte mi más profunda admiración y, aunque no estoy seguro de si estoy siendo capaz de hacerlo, te pido que al menos conserves esta misiva para que, si algún día te fallan las fuerzas, la leas de nuevo y recuerdes toda tu pasión, toda tu vitalidad, tu fuerza de voluntad, tu optimismo y tus enormes ansias de superación, porque todo eso representas para mí. Y todo eso eres tú.

Al

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