19 de abril de 2013

Los descubrimientos solo se viven una vez...

Podremos vivir una misma, o un mismo tipo de situación o experiencia mil veces pero, sólo nos sorprenderán una vez, sólo la viviremos una vez desde la inocencia, desde el descubrimiento.
 
He tenido la suerte por tercera vez de formar parte de la formación de Coach de la que fue mi escuela, y, a la vez que emocionante y maravilloso, siento nostalgia. Una nostalgia tremenda de cómo se sorprenden ante descubrimientos tanto del Coaching, como de ellos mismos. No tiene precio ser parte de esa energía que desprenden los descubrimientos, energía  que puede palparse en el ambiente de la sala de formación.
 
Dieciocho personas, dieciocho próximos Coach ICF.
 
Recuerdo todos esos descubrimientos que hice durante los dos años del Master y sus emociones me trasportan a las mías. ¡Cuánta emoción! ¡Cuánto descubrimiento!
 
Ésto me hace echar la vista atrás y, me percibo tan distinta. Ha sido el mayor regalo que podía hacerme: adentrarme en el mundo del Coaching. Convertirme en una eterna aprendiz de mi, de los demás, de la vida y ayudar a otros a aprender y caminar junto a ellos.


Me enseñaron a aprender, a apreciar, a disfrutar. ¡Cómo deseaba que llegaran las clases presenciales, tenía sed de seguir creciendo! Durante las mismas reíamos, llorábamos y nos sorprendíamos a nosotros mismos... demasiado intenso. La profundidad de los ejercicios y experiencias hacía grandioso cada uno de los momentos.
 
Y ahora que veo reflejada esta misma sed, siento tal satisfacción por aportar mi granito de arena y por estar en su camino... que... no puedo describirlo...
 



Rememorando: con John Whitmore con el que tuve el placer te tener parte de mi formación como Coach.
 


Disfrutando en la formación, como una enana, haciendo el mapa mental de lo que hoy es mi proyecto personal.
 




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