12 de abril de 2013

HAY UN MOTIVO


Estoy convencido de ello.

Sé que, por algún motivo que todavía hoy no alcanzo a entender, nuestros caminos  se encontraron aquel día.

No puede ser de otro modo. Todo fue fruto de una serie de decisiones que ni siquiera habíamos tomado nosotros, pero el hecho es que allí estábamos y nos estaban presentando. Y fue en ese momento, al darte la mano, cuando te miré a los ojos y no pude evitar percatarme de ello. No iba a salir indemne de aquello.
Aun hoy, cuando hago memoria de aquel día, ya tan lejano, lo veo claramente.


Tras aquel primer día, vinieron los primeros intercambios de palabras, palabras que pasaron a ser sonrisas de complicidad, sonrisas que se convirtieron en impresiones y que, a su vez, acabaron transformándose en confidencias.

Los días volaban sin tan siquiera percatarme de ello. El hecho de llegar cada día se había convertido en un placer que anhelaba cada noche.

La comunión era absoluta y no hacían falta palabras. Las miradas bastaban. Nos felicitaban.

Yo ya no era dueño de mis palabras, de mis ojos, de mi mente. Tú lo absorbías todo de tal manera que yo no hacía más que dejarme envolver por aquella maravillosa sensación, que a su vez necesitaba más y más.


Y entonces tuve miedo. Y por eso decidí marcharme. Porque no quise hacerte daño. Porque tú mereces seguir volando en ese inmenso cielo que te rodea. Porque tú no necesitas apoyo alguno para seguir creciendo. Porque eres el agua y la nube al mismo tiempo, el sol y el calor, la noche y la oscuridad. Eres un todo que se complementa a sí mismo y que cambia cada día, pero siempre de forma armoniosa.

Hoy sigo hablando contigo todos los días. No lo sabrás nunca, pero no me importa. Me encanta repetirte que no me gusta que hables mal de tus manos. A mí me cautivan.

A veces pienso que es absurdo, pero me basta con recordar uno solo de aquellos días, una de tus miradas o una de tus sonrisas, para volver a entenderlo todo y que, a su vez, todo cobre sentido nuevamente.


Por eso, porque sé que existe un motivo, hoy escribo esto para ti. Por tus ojos, por tu boca, por tus manos, por tu dulzura. Porque sé que volveré a encontrarte. Por ser tú.







Al 

2 comentarios:

  1. siempre existe un motivo... si no, ¿porque un sentimiento tan profundo? Precioso.

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  2. Muchas gracias por tu retorno, Mónica. Lamentablemente, caigo en él ahora pues no había activado mi alerta en caso de recepción de comentarios.
    Claro que existe un motivo, y no es necesario siquiera buscarlo muy lejos. Las pequeñas historias personales nos enseñan tantas y tantas cosas que vale la pena fijarse en ellas y sacar tanto aprendizaje y conclusiones como nos sea posible.

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