19 de abril de 2013

Emociones al empezar de nuevo.


Estos días, leyendo algunos post de este blog, y también de otros, he visto cuanta gente hay en situaciones parecidas a la mía, y como lo afronta cada persona.

Me he visto a mi misma, hace doce años.

Había estado varios años cuidando a mi abuela, que tenía Alzheimer  Ya hacía tiempo que había dejado la carrera que estudiaba. Iba a cumplir 28 años y me encontraba sin trabajo, apenas sin titulación, sin experiencia laboral más allá del negocio familiar en el que echábamos todos una mano.

En lo personal... tampoco tenía pareja, ni muchos amigos: no tenía un círculo en el que encontrar apoyo ni ideas. Mi abuela y el trabajo habían ocupado todo mi tiempo, pero ella había fallecido, y mi familia había vendido la tienda. Y yo estaba fuera de todo, sin nada que hacer y ¿sin futuro...?
No tenía coche ni carnet de conducir, no sabía idiomas, y no tenía ni idea de informática.

No encontraba trabajo. Era desesperante.

Un día compré una revista de informática en un kiosko, para ir viendo de qué iba todo aquello. Descubrí  que me fascinaba, que quería saber cómo funcionaba todo, desde los programas, a la electrónica. Leía todo lo que podía, practicaba con mi ordenador. Sentía mucha curiosidad y sobre todo, había descubierto que tenía una pasión en mi vida a la que dedicar mi tiempo.

Me matriculé en el Grado Superior de Administración de Sistemas Informáticos. Parecía algo inviable porque era en otra ciudad, y no tenía recursos. ¿Cómo iba a hacerlo?. No lo sabía, pero seguí adelante en cada paso, sin saber cómo iba a dar el siguiente. Ya lograría cómo. Me había matriculado, pero no sabía cómo iba a llegar allí el primer día de clase. Ya vería, ya lo lograría.

Fui al primer día de clase en tren, y caminando otra parte del camino. Llovía muchísimo ese día. El viento partió el paraguas, ¡llegué hecha un desastre!  Sabía que no podría seguir todo el curso así,… ¡pero al menos había llegado a clase el primer día!.

Y resultó que el segundo día ya me acercaron otros compañeros que hacían el mismo camino en coche.
Con cada inconveniente o problema que surgía, también se iban presentando soluciones. Si hubiera mirado en conjunto todo lo que tenía que superar esos dos años hasta lograr mi título, me hubiera parecido un mundo, algo demasiado complicado para las pocas fuerzas que tenía. 
Pero no sé porqué, me fui ocupando cada día de lo que se presentaba, sin pensar mucho más.

 Así poco a poco fui encontrando la manera de ir a clase, de estudiar lo que quería, de encontrar las maneras de superar cada inconveniente. Pero lo hacía porque me apasionaba lo que estudiaba. No podría haberlo hecho de otra forma.

Al terminar el ciclo, dos años después, gracias a esa titulación, encontré trabajo en una tienda de informática. Y así fui encadenando trabajos en diferentes tiendas y empresas. Hasta el día de hoy, diez años después, en el que de nuevo me encuentro en el mismo punto de partida, en las mismas circunstancias, con pocos recursos y pocas fuerzas.

Pero he encontrado otra pasión. No sé cómo voy a conseguir dedicarme a ello. De momento he dado el primer paso, esta mañana, con una llamada de teléfono.  No tengo ni idea de cómo superar cada uno de los inconvenientes, pero tengo clara una cosa: será según se vayan presentando. Ya veré, ya lo lograré.

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