6 de febrero de 2013

Bailando en la Oscuridad



Cuando terminé de verla me pareció la película más dura que había visto jamás, me quedó una sensación amarga que no me gustó. Sin saber muy bien porque, ya que aparentemente no se alejaba mucho de cualquier melodrama: una madre de clase baja, que antepone sus emociones, sus valores y sus principios a su propia vida, luchando hasta límites terribles por su hijo (entre otros buenos mensajes que lanza la peli)… pero algo hacía que no pudiera asimilarla, a la vez que no la sacaba de mi cabeza. 

Cuando me pongo delante de una película mi mente se evade por completo, desaparece mi vida para entrar a vivir otra. De hecho, me sorprende mucho cuando, con amigos, comentamos una peli después de verla, y ellos hablan en primer lugar de los detalles técnicos, de si la película es técnicamente buena o no. Yo, primero la vivo, la siento, y luego reflexiono sobre la parte técnica. 

He ahí la cuestión. De alguna manera, cuando entro a vivir la historia, algo en mis emociones sabe y no olvida que estoy delante de una historia ficticia, aunque me haga sentir. Pero esta vez, a través de los sueños musicales de Selma, Lans Von Trier consiguió que no fuera así, consiguió que no fuera consciente de estar ante algo irreal, ha logrado centrar la atención únicamente en las emociones de los personajes. Unas emociones tremendamente dolorosas, con una energía vehemente. 

Ahora, entendido esto, la veo con otros ojos, y creo que lo que ha conseguido Lans Von Trier es algo espectacular, aunque no apto para todos los públicos.

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